martes, 3 de abril de 2012

Buenas noches y buena suerte.


Sin ser un acérrimo seguidor de la prensa escrita, era poco menos que imposible no ser golpeado de cuando en cuando por alguna verdad ajena al odio y próxima a la reflexión de Antonio Mingote. Por lo general a través de la red, por lo particular, cuando infinidad de medios se rendían a la simpleza de sus dibujos y a lo complejo de sus mensajes. Por lo poco que conozco de su obra, sé que era un enemigo obstinado de la estupidez, incluso de aquella que disfrazada de ignorancia, pretendía pasar desapercibida, y con toda la razón; trataba de espolear cerebros con un único fin, vive y deja vivir. No había un rincón del mundo del que no encontrase un símil reflejado en la sociedad española, pa lo bueno y pa lo malo, por lo que deduzco, que era un patriota, tanto de España cómo de la vida cómo gesto de buena voluntad para los demás y para con uno mismo.

Ronda mis estanterías un libro desde hace más de veinticinco años escrito e ilustrado por él. Hoy, preside la entrada de mi casa a modo de homenaje y así estará hasta que caiga la tierra sobre su último catre, y dicho libro, es poco menos que un homenaje a la vida, ya que es una historia que está por terminar, nada más y nada menos que la “Historia de la Gente”. Lo he dejado abierto sobre el taquillón, sobre un improvisado atril por una hoja en la que habla de “Los Sabios” en “La sociedad renacentista” y espero que con la lectura del fragmento del mismo libro que plasmaré a continuación vean por qué he elegido esa página para que refleje al hombre/artista.


Capítulo 42. Hoy mismo, sin ir más lejos.

EL AMOR

… Según un alarmante informe de The Ladies Home Journal (1980) las chicas de nuestro tiempo se han hecho un lío con la virginidad. “Soy virgen, ¿no es horrible? No creo que ninguna de mis amigas lo sea”, dice una de las encuestadas en plena empanada mental. “A los quince años perdí la virginidad- dice otra-. No sentí nada especial.” ¿Cuándo espera sentir algo especial esa desgraciada? ¿Al estrenar los primeros tacones altos? ¿En el próximo terremoto? ¿Con las rebajas de enero? ¿Cuándo haga un bingo?...

… Los educadores sexuales, alarmados por el hastío que se propaga entre las parejas, empiezan a pensar si el amor tendrá algo que ver con el asunto. El profesor John Hopkins advierte de la torpeza que supone “reparar sólo las técnicas olvidándose del amor, que sin duda es el factor primordial del sexo”.
Al fin los jóvenes aprenderán que la “risa abre el corazón de la mocedad, la amistad lo fija, el amor lo llena y el entusiasmo lo multiplica “. Lo que fue proclamado por Ortega y Gasset ya en 1925.

Historia de la gente, Antonio Mingote, Círculo de Lectores, 1984.

Dos cosas sobre éste fragmento: lo intemporal, síntoma de genialidad y sentido común. El descaro, para dar un coscorrón con fines educativos y no esquivar el mismo coscorrón que, a modo de boomerang, vuelve para golpearnos en la frente desde la sabiduría venida del pasado que se refleja inevitablemente en el presente pero sin contenido alguno.

El último dibujo del libro, retrata a dos ángeles contemplando La Tierra desde el espacio mientras uno espeta: ¡Van cómo locos!; Igual ahora, son tres y el tercero, Mingote, se sonríe desde lo alto, para dejar más perplejos si cabe a sus propios dibujos.

Gracias por el bofetón señor Mingote. Descanse en paz.